1. Ubicación concreta.
Comparar por barrio es un primer paso. Después hay que mirar la calle, el entorno inmediato, la orientación y las características del edificio. Dos pisos cercanos pueden ofrecer experiencias muy distintas.
2. Superficie y distribución.
Conviene distinguir metros útiles, construidos y elementos comunes. También importa cómo se utiliza el espacio: circulación, amplitud de las estancias y posibilidades de adaptación.
3. Estado de la vivienda y la finca.
Las reformas, las instalaciones, los acabados, el ascensor y la conservación del edificio forman parte del análisis. Una buena presentación no debe ocultar trabajos pendientes.
4. Luz y espacios exteriores.
La planta, la orientación y la presencia de balcón, patio o terraza ayudan a diferenciar el inmueble. Hay que valorarlos en relación con la vivienda completa.
5. Comparables bien elegidos.
Un anuncio muestra un precio solicitado, no necesariamente el de una venta cerrada. Analizamos qué inmuebles son realmente comparables y qué información puede contrastarse.
Una cifra necesita una explicación.
El objetivo de la valoración es ayudarte a decidir un precio de salida y una estrategia. Pide que te expliquen las referencias utilizadas y los factores que influyen en la propuesta.